Reunión Copenhage 2009
Europa acusa a China del fracaso de
Copenhague, pero pide realismo
Los
Los 27 recuperan la voz para pedir que se
optimice el pacto de mínimos - Merkel:
"E es un
primer paso hacia un nuevo orden climático
mundial"
La UE ha optado por el realismo para analizar el
resultado de la Cumbre del Clima. "Ha sido
decepcionante", declaró a Sky News el ministro
británico Ed Miliband, el único líder capaz de
salvar el acuerdo a las siete de la mañana del
sábado tras una noche de discusiones. El principal
fallo del acuerdo, dijo, es que no incluye cómo
hacer vinculantes los compromisos para lograr
contener el ascenso de la temperatura en un máximo
de dos grados.
En el texto no se establece ni la
concentración de CO2 necesaria para lograr ese
objetivo, ni el año del máximo de emisiones, entre
2015 y 2020, ni la necesidad de que en 2050 sean la
mitad que en 1990. Y Miliband culpó abiertamente de
ello a Pekín: "Un pequeño número de países en
desarrollo, entre ellos China, no querían un acuerdo
vinculante", lamentó. Pero, aún así, lo juzgó un mal
menor: "Las alternativas eran: falta de acuerdo o
esto".
Miliband expresó en voz alta las impresiones de la
mayoría de los delegados europeos en Copenhague.
Durante los tres días perdidos por las protestas
africanas sobre el procedimiento de diálogo, los
negociadores europeos veían detrás una táctica de
China, perteneciente al mismo grupo. "Los africanos
daban la cara y los chinos estaban muy cómodos
callados detrás poniendo palos en las ruedas.
Quedabas en una reunión bilateral con ellos para
desbloquear el proceso, te decían que sí pero luego
no aparecían", resumió en los pasillos uno de ellos.
Los Veintisiete constataron con sorpresa que Pekín
llegó a vetar la inclusión de objetivos de reducción
de emisiones del 80% en 2050 para los países
desarrollados. "Decían que si poníamos eso tarde o
temprano se les exigiría a ellos", resumió el
presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao
Barroso. El resultado final es un texto no
vinculante.
Pero Europa, relegada a un papel secundario en la
cumbre, está empeñada en resaltar lo positivo del
acuerdo. "Aquellos que sólo critican Copenhague se
alinean con los que frenan" la lucha contra el
calentamiento", afirmó la canciller alemana Angela
Merkel, al diario Bild am Sonntag.
"Copenhague es un primer paso hacia un nuevo orden
climático mundial", señaló. El primer ministro
danés, Lars Loekke Rasmussen, presidente de la
cumbre, se pronunció en la misma línea: "Un acuerdo
es mejor que nada".
Rasmussen ha dirigido la cumbre climática los días
clave con una mentalidad cuadriculada, sin cintura
ninguna para atraer a los países desarrollados ni
autoridad para imponerse, como se vio en la última
noche, cuando cinco países sin peso (Venezuela,
Bolivia, Niacaragua, Cuba y Sudán) bloquearon
durante 10 horas el plenario por su oposición al
acuerdo. La representante de Bolivia cuya capital
está a 3.000 metros de altura, llegó a decir que lo
hacía por el futuro de las pequeñas islas, que sí
aceptaban el acuerdo como única opción. El
presidente de Maldivas, Mohamed Nasheed, presente
hasta el final de la cumbre, les imploró que dejaran
de bloquear el acuerdo, ya que con su postura, el
llamado bloque bolivariano y Sudán impedían la
puesta en marcha del fondo de arranque de 10.000
millones de dólares al año (6.900 millones de euros)
a partir de 2010 para los países
en desarrollo.
El mejor termómetro del resultado es que Pekín se
felicitó ayer por los resultados "positivos y
significativos", según el ministro de Exteriores,
Yang Jiechi. Pekín cedió ante Obama en la
transparencia y aceptó crear un nuevo sistema
"internacional de consultas y análisis" que no
interfiera en la "soberanía nacional". A cambio de
ese sistema aún por definir, limó lo poco que tenía
el acuerdo.
La duda que planea entre muchos delegados y
observadores es qué va a pasar ahora.
El sistema de
Naciones Unidas, en el que las decisiones se toman
por consenso, parece que ha llegado al límite.
Si,
como ha ocurrido, los acuerdos se resuelven entre
los grandes en una sala a puerta cerrada, en un
pabellón tomado por la policía, sin apenas ONG y con
el pleno vetado a la prensa, entonces eso se parece
poco a la Convención de Cambio Climático de Naciones
Unidas y más a la Organización Mundial del Comercio. Oxfam espera que la ONU cambie su sistema de
gobernanza para que el consenso no sea
imprescindible.
Fuente: Elpais.com |